Estos proyectos se sitúan en la encrucijada entre el arte y la violencia política. Basándose en un compromiso con los derechos humanos y la justicia social, Walls of Hope presta servicio a comunidades que a menudo incluyen a supervivientes de masacres y torturas, personas obligadas al exilio, solicitantes de asilo, pueblos indígenas, pueblos originarios y jóvenes reclusos en Estados Unidos.

Claudia Bernardi y jóvenes artistas de la Escuela de Arte dePerquin/Muros de Esperanza, 2005. Crédito de la foto: Valeria Galliso.
Miembros de la tribu Yurok en Klamath, California, junto al mural terminado «A Bleeding Moon».
Se anima y se forma a los participantes en estos proyectos artísticos colaborativos para que reproduzcan y dirijan talleres similares en sus comunidades, extendiendo y ampliando así la visión de Walls of Hope a jóvenes, adolescentes, adultos y personas mayores. El modelo Perquin, un indicador clave del éxito de Walls of Hope, se ha replicado en comunidades de todo el mundo, convirtiendo la creatividad en un motor para la diplomacia, la justicia y la protección de los derechos humanos y sociales.

Cada proyecto ofrece a los miembros de la comunidad la oportunidad de compartir sus historias, emociones y experiencias, al tiempo que participan en un proceso transformador en el que las heridas invisibles pueden convertirse en obras de arte tangibles.

De izquierda a derecha: América Argentina Vaquerano Romero, Claudia Bernardi, Rosa del Carmen Argueta y Claudia Verenice Flores Escolero. Monthey, Suiza, 2013. Crédito de la foto: Florencia Roulet.

«Los ponentes coincidieron en que la creatividad era un factor fundamental para cualquier proceso de paz duradero».

—Claudia Bernardi, Arte contra la brutalidad